martes, 28 de julio de 2026

Tecnología

Jugar en la calle: un entrenamiento temprano para la autonomía infantil

Psicólogos analizan cómo la libertad de juego en la infancia fomenta habilidades sociales y autonomía, lejos de ser un descuido parental.

Redacción Nación 24
Foto: xataka.com.mx

Especialistas en psicología del desarrollo coinciden en que la dinámica de juego libre en la calle, común en generaciones anteriores en México, funcionó como un entrenamiento temprano para la autonomía y la resolución de conflictos. A diferencia de las percepciones actuales que vinculan estas prácticas con una falta de supervisión, los expertos señalan que el entorno urbano de antaño permitía a los niños gestionar riesgos y establecer jerarquías sociales de manera independiente.

Al preguntar a las familias mexicanas sobre sus recuerdos de infancia, es recurrente la narrativa de salir a jugar con vecinos hasta que oscurecía. Esta experiencia, lejos de ser vista como una negligencia, se interpreta hoy como una etapa formativa donde se cultivó la resiliencia. Los psicólogos sostienen que la interacción sin la mediación constante de adultos facilitó el desarrollo de habilidades socioemocionales críticas, como la negociación y la empatía dentro del grupo de pares.

En la actualidad, diversos estudios sugieren que el exceso de supervisión adulta en las actividades recreativas podría estar limitando estas oportunidades de aprendizaje autónomo. El entorno de juego en la calle, aunque presentaba desafíos, obligaba a los niños a ser observadores de su entorno y a tomar decisiones rápidas bajo presión, competencias que resultan valiosas durante la vida adulta en la sociedad contemporánea.

No obstante, los expertos reconocen que el contexto urbano en México ha cambiado significativamente, dificultando la réplica de estas experiencias por motivos de seguridad pública. A pesar de ello, la invitación de los especialistas es a fomentar espacios de juego más abiertos y menos estructurados, permitiendo que los niños experimenten una mayor independencia bajo esquemas de seguridad adecuados a los desafíos del siglo XXI.

La conclusión académica apunta a que el valor de aquellas infancias no residía en la ausencia de padres, sino en la presencia de una libertad supervisada de forma indirecta. Este modelo de crianza, que priorizaba el juego en el espacio público, sigue siendo una referencia sobre cómo el juego no dirigido contribuye a formar individuos más capaces de adaptarse a entornos cambiantes.

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